Biden anuncia una batería de medidas contra el cambio climático tras naufragar la vía legislativa por el rechazo de un senador

miércoles, julio 20, 2022
María Antonia Sánchez-Vallejo Cobo 

Año y medio de esfuerzos en pos de una legislación ambiciosa contra el cambio climático en EE UU colapsaron la semana pasada por el rechazo del senador demócrata Joe Manchin, muy vinculado a la industria del carbón, a apoyarla en la Cámara alta, donde empatan a escaños demócratas y republicanos. Por eso al presidente Joe Biden no le ha quedado más remedio que recurrir a su potestad ejecutiva para salvar el vacío legislativo, con una salva de medidas para abordar cuanto antes esta “amenaza existencial a EE UU y al mundo”. Todo ello cuando más de 100 millones de estadounidenses, casi un tercio de la población, se hallan en alerta de calor extremo, con temperaturas que pueden superar esta semana los 40 grados en algunos Estados y ciudades. Nueva York, por ejemplo, ha ampliado el horario de apertura de las piscinas públicas y reforzado la red de centros de frío para combatir la asfixia del asfalto.

Muchos esperaban una declaración de emergencia climática, pero, en vísperas de las decisivas elecciones de medio mandato de noviembre, que pueden dar el control del Congreso a los republicanos, el demócrata ha optado por una solución intermedia, una batería de “acciones ejecutivas”, enfocadas a proteger a las comunidades más vulnerables al impacto extraviado del clima, potenciar los proyectos de energía eólica en el litoral del país y, de paso, crear puestos de trabajo verdes, una vieja promesa de su campaña electoral. “Si el Senado no toma medidas para abordar la crisis climática y fortalecer nuestra industria nacional de energía limpia, tomaré medidas ejecutivas enérgicas para enfrentar este momento”, advirtió Biden el viernes, tras conocer el revés de Manchin.

El presidente ha elegido para el anuncio una antigua central eléctrica a carbón en Somerset (Massachusetts) que se reconvertirá en una instalación de fabricación de cables para la industria eólica marina de Iberdrola, todo un símbolo del viraje ambiental de la Administración demócrata. El objetivo es reducir las emisiones, combatir la injusticia ambiental -millones de hogares de renta baja están infinitamente más expuestos a las manifestaciones extremas del clima- y, de paso, la volatilidad de los precios de la energía, puesta de relieve por la guerra de Ucrania. Un horizonte de seguridad y eficiencia energéticas al que no resulta ajena la presión de la inflación sobre el bolsillo de los estadounidenses y sobre las expectativas electorales de los demócratas.

Entre las medidas anunciadas hoy, figura una inversión de 2.300 millones de dólares este año fiscal para financiar un fondo de apoyo a edificios y comunidades resilientes a fenómenos extremos. Esta financiación ayudará a las comunidades a aumentar su respuesta ante olas de calor, sequías, incendios forestales, inundaciones, huracanes y otros riesgos, antes de que ocurra una catástrofe. Además, se reforzará un programa de ayuda energética a hogares de rentas bajas, para que puedan afrontar el pago de la factura de la luz por el uso del aire acondicionado o la calefacción, así como la creación de nuevos centros de frío en comunidades desfavorecidas. Para la otra gran medida de calado, ampliar las oportunidades y los empleos en el sector de la energía eólica marina, Washington propone las primeras áreas de generación eólica en el golfo de México, con una extensión de 700.000 acres (unas 283.000 hectáreas) y el potencial de alimentar a más de tres millones de hogares. La Administración también avanzará en sus planes de desarrollo de la energía eólica en las aguas de la costa atlántica central y meridional y la del golfo de Florida.

Solo el año pasado, EE UU vivió 20 desastres naturales por el clima extremo, con pérdidas que superaron en conjunto los 145.000 millones de dólares. Las minorías y las comunidades desatendidas resultan desproporcionadamente afectadas, mientras infraestructuras básicas sucumben de continuo a las condiciones extremas. Esta misma semana, varios episodios de lluvia torrencial en Nueva York convirtieron algunas estaciones de metro en cataratas, por no hablar de las inundaciones que en septiembre pasado se cobraron una quincena de vidas en varios inmuebles de la ciudad.

En el tintero, tal vez para próximos anuncios, han quedado medidas para frenar las perforaciones petroleras en tierras y aguas federales. Constreñido por los precios de la energía que han disparado la inflación a máximos históricos, el presidente liberalizó en abril pasado la producción doméstica de crudo, mediante la concesión de permisos de explotación en tierras federales, en un intento de abaratar el precio del barril de crudo. Además, la Casa Blanca se comprometió en marzo a incrementar un 68% el envío de gas natural licuado a Europa, para reducir la dependencia energética del Viejo Continente de Rusia.

Las reiteradas zancadillas del senador centrista de Virginia Occidental Manchin, que debe su fortuna personal y la base de su campaña a la industria de los combustibles fósiles, han empujado a Biden a ejecutar acciones en vez de negociarlas, cuando su índice de aprobación registra mínimos históricos (entre un 33% y un 36%, según los sondeos) y las perspectivas de una victoria en noviembre le son esquivas, sobre todo a causa de la inflación y los nubarrones de incertidumbre económica.

Biden visita las instalaciones de la eólica marina de Iberdrola en Massachusetts

El presidente Joe Biden ha visitado este miércoles las instalaciones de la filial cotizada de Iberdrola en Somerset (Massachusetts), una antigua central eléctrica de carbón que se convertirá en fábrica de cables para proyectos eólicos marinos en Nueva Inglaterra, en los que la eléctrica invertirá 10.000 millones de dólares durante esta década. La confluencia de intereses entre un Biden comprometido con la transición energética, pese a las dificultades legislativas que arrostra, y la compañía abanderada de las renovables ha llevado al mandatario hasta Brayton Point para escenificar el anuncio de una batería de medidas contra el cambio climático. Todo un símbolo de la transición, así como de la superación y la reconversión de infraestructuras obsoletas: dar la espalda al carbón para alentar energías limpias.

Los tres parques eólicos marinos que impulsa la filial estadounidense de Iberdrola están en fase de construcción o desarrollo avanzado, y todos ellos tienen contratos de venta de energía a largo plazo en Massachusetts y Connecticut. En conjunto tendrán una capacidad de 2.800 megavatios (MW), crearán casi 11.000 nuevos puestos de trabajo -esos empleos verdes que Biden promete desde la campaña electoral- y suministrarán energía libre de emisiones a casi 1,6 millones de hogares y empresas. 

El primero de los tres parques, Vineyard Wind, el primero a gran escala de EE UU, comenzará a funcionar a finales de 2023. En la adjudicación del tercero, el de Brayton Point, la eléctrica se comprometió a promover la primera instalación de fabricación de cables para eólica marina de Massachusetts en los terrenos de una antigua planta de carbón. El simbólico emplazamiento, que constituye toda una declaración de intenciones de la política energética de la Administración demócrata, ha sido puesto de relieve en las comunicaciones de la Casa Blanca sobre el anuncio de Biden, que se ha reunido hoy con Ignacio Galán, presidente de Iberdrola.

La eléctrica española cotiza desde 2015 en Wall Street a través de su filial. Presente en 25 Estados, gestiona más de 9.300 MW de capacidad instalada, de los cuales más de 8.500 son de renovables, y más de 170.000 kilómetros de líneas eléctricas a través de ocho distribuidoras en Nueva York, Connecticut, Maine y Massachusetts.



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