Fabio, el niño del Audi que no tuvo la culpa (I)

Fabio, el niño del Audi que no tuvo la culpa (I)

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Sábado, Agosto 3, 2013 - 18

Fabio, el niño del Audi que no tuvo la culpa (I)*

Imagen de Sergio Ocampo Madrid
Sergio Ocampo Madrid

"Fue un accidente, él no tuvo la culpa", gritó airada una joven de unos 21 años el martes en una de las salas de audiencia de Paloquemao. Lo hizo para responderle a Roberto Bastidas, padre de Diana, una de las dos muchachas que resultó muerta hace dos semanas cuando Fabio Salamanca, de 23 años, conducía su Audi a 140 kilómetros por hora y embistió el taxi en el que viajaban Diana y Ana después de salir del trabajo. Fabio presentó grado tres (el máximo) en el examen de alcoholemia que le aplicó la Policía.
Roberto le gritó "asesino" el día de la audiencia, y la muchacha amiga de Fabio le respondió con ese "fue un accidente, él no tuvo la culpa". Esta frase resume bastante bien una actitud de vida entre la gente que hoy ronda los 25 años y que se levantó en medio de unos cambios profundos en la forma en que la sociedad encaraba, consideraba y trataba a los niños, y con unas garantías absolutas al "libre desarrollo de su personalidad", pero también con nuevos conceptos de autoridad y una forma distinta de relación entre padres e hijos.
No es gratuita entonces esa frase, que reclama de un modo casi agresivo el derecho a equivocarse, a no tener la culpa, a que se pase la página rápidamente, así de lo que se esté hablando sea de la muerte de dos mujeres jóvenes y de la posibilidad de que un hombre (el taxista) quede parapléjico. Se olvida también que el "accidente" del cual se exonera "de culpa" a Fabio se produjo porque este iba borracho a 140 kilómetros por hora casi a las 5 de la madrugada.
Este caso de Fabio Salamanca desde que arrancó tiene una fetidez particular. Las cosas comenzaron a mostrarse mal desde esas primeras imágenes del accidente cuando una mujer, de modo histérico y a las malas, le tapaba la cara a su "niño" para que no lo mostraran las cámaras de Tv. Desde ahí empezó a sugerirse que Fabio más que el victimario era otra víctima de esta tragedia. Luego no pudo comparecer porque estaba internado en una clínica con "estrés agudo" y no era apto psicológicamente para una diligencia en Fiscalía. ¿Cómo sería entonces el estrés de las familias de los muertos y de los Cangrejo, parientes del taxista que quizá no vuelva a caminar?
El sábado pasado, un juez mandó a la cárcel a Jonathan Cabrera por matar a un peatón cuando conducía ebrio un Renault Logan. A Fabio, en cambio, el martes la jueza Carmen Gualteros no solo decidió mandarlo a casa sino que se mostró casi indignada porque la Fiscalía quería "escarmentar a la sociedad" con la medida de aseguramiento para Fabio.
No soy abogado, pero el simple sentido común me dice dos cosas: la primera, que justo a la gente la envían a la cárcel para escarmentar a los demás, para persuadirlos de que actúen de modo ajustado a las leyes, y una de ellas proclama que no se debe conducir embriagado. Dos, en Colombia para efectos legales es mejor llamarse Fabio que Jonathan (o Haiver, o James, o Edison), y siempre dará más garantías conducir un Audi que un Logan.
Ahora bien, hay algo en lo que sí creo que no tiene la culpa Fabio, y la culpa ni siquiera es de la familia, sino de todos. Y no hay nada peor que cuando la culpa la tenemos todos, porque en el fondo nadie la asume. Me explico: desde hace tiempo veo aterrado cómo viene creciendo una generación que nació después de los 90, que ejerció su niñez en el último repecho del siglo XX y a comienzos del XXI. Antes de los 90 ser niño no valía nada y se imponía una dictadura que los obligaba a "callar cuando los adultos hablan", a obedecer la autoridad sin chistar, a comer lo que los adultos decidieran, a tener que ser aconductados y hacer las cosas bien para ganarse el amor del papá y de la mamá.
Hubo cambios culturales, jurídicos y sociales que pusieron todo aquello patas arriba, y desde entonces la niñez es la que manda. Los adultos se acomodan a comer lo que al niño le apetezca; en el colegio los malos resultados a menudo son culpa del maestro, y hay que ganarse cada día el amor y la devoción de los hijos, con regalos, con última tecnología, con todo lo que los padres no pudieron tener cuando eran chicos. Obviamente, hablo de la sociedad formalizada; no soy ingenuo ni desconozco que en nuestras sociedades millones de niños la pasan muy mal, y son violentados cada día sus derechos.
Solo ahora estamos empezando a ver los resultados de esa nueva forma de considerar la infancia, de todo ese tremendo garantismo con que crecieron los niños a partir de los noventa, porque ya son adultos que se acercan a los primeros e inexorables treinta años.

Son los amos del universo. Así los criaron. Por eso, en el fondo, Fabio no tiene la culpa. Solo fue un accidente. (Continuará…)

*Excelente columna de opinión de Sergio Ocampo Madrid en el diario La República.
La columna aquí publicada y las expresiones de su autor no necesariamente coinciden con la opinión de este medio de comunicación.



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Eduardo T. Gómez C.
Dr.Jekyll

La columna aquí publicada y las expresiones de su autor no necesariamente coinciden con la opinión de este medio de comunicación.


Venga mijo, hágame un hijo

14:27 Add Comment

Quiero darle la bienvenida a mi blog, a un buen y critico amigo, que no come entero, que mira todo con sospecha y se da permanentemente el trabajo de pensar y repensar todo lo que sucede a su alrededor. ¡Filosofo, matemático y futuro abogado, una mezcla muy volátil . Y tiene una gran ventaja, aborrece la lambonería. Los dejo con Francisco Soler P.

Venga mijo, hágame un hijo


Por : Carlos Francisco Soler Peña*




Hace poco una niña fue raptada por una señora que hoy está en libertad porque de acuerdo con el juez "no constituye un peligro para la sociedad", cosa que comparto. El padre de la niña raptada, por el contrario, está ad portas de pagar una condena por lo que se denomina acceso carnal abusivo. Desde mi punto de vista, todo esto es una estupidez. Los medios de comunicación se han volcado sobre una situación relacionada con el rapto y, sin embargo, bien distinta: el tema de los embarazos en la población adolescente.


Siempre me ha parecido una cosa bastante relativa lo de marcar las etapas de acuerdo con números, fechas, momentos específicos, etc. Por ejemplo, ¿qué diferencia existe a nivel de conocimiento entre un estudiante que obtiene 2.94 en la valoración definitiva de una materia y otro que obtiene 2.95?. En términos objetivos, creo que ninguna diferencia; sin embargo, el primero se ve obligado a repetir la materia mientras el otro, por aproximación, pasa la materia.



La situación del sexo es lo mismo. Supongamos que una persona de sexo femenino nació el día 18 de enero de 1999. De acuerdo con eso, hoy 17 de enero de 2013, día en que escribo esta nota, esa persona tiene apenas 13 años. Supongamos que por avatares del destino yo conozco a esa persona, tenemos una tarde ridícula (¡perdón!, romántica) y tenemos sexo antes de la hora de la cenicienta... pues nada, me jodí: a pagar cárcel por meterme con una niña. Pero si se puede prolongar unos segundos más la espera y el acto se consuma a las 00:01 horas del día 18 de enero, nada pasa porque ella tiene ya 14 años. Curioso ¿no?. Curioso eso de marcar las cosas con plazos establecidos. Sea como sea, a tener bien sincronizados los relojes, puede ahorrarle unos añitos de cárcel.



En la columna editorial de El Tiempo del día de hoy, titulada Enfrentar el embarazo adolescente, se cita una afirmación del Director del ICBF según la cual el 36% de los embarazos en adolescentes son embarazos deseados. "¡¿Pero cómo?!" diría un amigo. "Sí Hernán, el 36%" diría Héctor Roncón. La pregunta obligada es la siguiente: ¿Por qué una niña decide quedar en embarazo y un niño decide que su amante quede en embarazo?



Al parecer la cuestión de los embarazos es un tema espinoso. Hay factores sociales, económicos, religiosos, pragmáticos en la elección de tener un hijo. Mis amigos me critican mucho la decisión que he tomado de no tener descendencia directa. Casi todos me responden: "Ya le llegará la hora de las ganas de tener hijos". Personalmente, espero que nunca me lleguen. Un hijo cuesta mucho dinero y no quiero en este momento hacer cuentas de cuánto le costé a mis padres durante los años que me mantuvieron.



El caso es que un hijo, dignamente mantenido y educado, no deja de costar 15 millones de pesos al año antes de que ingrese a la universidad. Había dicho que el tema de los hijos es un tema económico y por eso la siguiente reflexión: con los gastos de 6 años en un hijo compro un Mini Cooper, con otros 10 años compro un apartamento; poco más o menos hasta los 15 años he gastado 225 millones: mucha plata, ¿sí o no? Lo triste es que un condón cuesta 10 mil pesos. Entonces, con lo que cuesta un hijo puedo comprar 22500 condones, lo que equivale a condones para más de 61 años. A mí, por eso, me parece ridículo.



Bueno, también se podría hablar del amor de los hijos pero ese es un tema en el que no me meto porque no lo puedo contabilizar. Sea como sea la cuestión de los hijos es mejor pensarlo sin tanta moralidad recontrapinga y con más sentido pragmático. A propósito del amor de la familia, el canal RCN acaba de lanzar su más reciente novela, Allá te espero, que habla precisamente de la importancia del amor familiar por encima del dinero. A mí me gustaría entender qué relación existe entre ese tipo de producciones y el incremento risible del salario mínimo.



*En Twitter @cfranciscos

Igualdad vs Justicia

14:08 Add Comment
Llevo muchos años, intentando en el discurso y en la acción garantizar que la gente entienda que la tan defendida "igualdad" y la tan mentada "libertad" son consecuencia clara de la Justicia en todos sus ámbitos. Hoy encontré un gráfico que resume horas de discurso y da justo en el clavo.